El exalcalde salió a repartir bendiciones políticas, descalificó al priista y anunció su respaldo a Imelda Castro y Carlos Escobar. En redes, sin embargo, la conversación tomó otro rumbo: le recordaron los cuestionamientos de su propia administración.
El Químico Benítez decidió incorporarse a la sucesión de Sinaloa con una tarea que nadie parecía haberle encargado: repartir certificados de buena conducta política.
Descalificó a Mario Zamora Gastélum, elogió a Imelda Castro y Carlos Escobar y dejó claro hacia dónde van sus simpatías.
Hasta ahí, política pura.
El problema comenzó cuando la memoria también pidió la palabra.
Porque mientras Benítez trataba de colocar a Mario Zamora bajo la lupa, usuarios en redes sociales cambiaron el objetivo y apuntaron hacia el propio exalcalde de Mazatlán.
“Antes de hablar, que diga si se robó o no el dinero”, escribió un usuario, según comentarios reportados a este medio.
Otro cuestionó:
“¿Qué moral tiene ese señor para avalar a los candidatos?”.
Y uno más llevó el reclamo directamente al terreno electoral:
“Yo estoy con Imelda y con Escobar, pero si ese señor los apoya, me voy con Mario Zamora, pa’ que se les quite”.
Ninguno de esos comentarios constituye una encuesta ni prueba responsabilidad penal alguna. Pero juntos exhiben un problema político difícil de ignorar: hay respaldos que aportan estructura, votos o prestigio; otros llegan acompañados de una factura.
Y esa factura no corresponde pagarla Mario Zamora.
Mario Zamora no está en el expediente del Químico
Conviene separar responsabilidades.
Los cuestionamientos relacionados con la administración de Luis Guillermo Benítez Torres en Mazatlán pertenecen a su gestión y a quienes hayan intervenido en las decisiones investigadas.
Mario Zamora no fue alcalde de Mazatlán, no encabezó aquella administración y en los hechos expuestos en esta controversia no existe elemento alguno que permita trasladarle los señalamientos relacionados con el caso de las luminarias.
Una cosa es que Benítez lo ataque políticamente.
Otra muy distinta es convertir ese ataque en prueba de algo.
Zamora, actualmente diputado federal, fue candidato a gobernador de Sinaloa en 2021 y en los últimos días ha reiterado públicamente que está dispuesto a competir nuevamente en 2027, aunque también ha dicho que respaldaría a otro perfil opositor si llegara mejor posicionado.
Ese dato importa porque explica por qué comienzan a concentrarse ataques sobre su figura.
La sucesión ya empezó, aunque todavía falten las candidaturas formales.
El examinador que terminó presentando examen
Benítez quiso cuestionar las credenciales políticas de Mario Zamora y terminó abriendo otra discusión: las credenciales con las que él pretende calificar a los demás.
Su administración quedó marcada por el caso de las luminarias, relacionado con un contrato por 400.9 millones de pesos y un presunto daño patrimonial de 60.1 millones de pesos señalado por la Fiscalía.
La existencia de una investigación o un señalamiento no equivale por sí misma a una sentencia condenatoria. Esa precisión es indispensable.
Pero también lo es otra: quien pretende convertirse en aval público de futuros gobernantes debe estar dispuesto a responder preguntas sobre su propio desempeño.
Y ahí aparece la ironía.
Para Mario Zamora hubo crítica.
Para Imelda Castro hubo respaldo.
Para Carlos Escobar hubo bendición.
Para las cuentas pendientes de Mazatlán, bastante menos entusiasmo.
Una ayuda que puede salir cara
Imelda Castro y Carlos Escobar tampoco pueden ser responsabilizados automáticamente por lo que hizo o dejó de hacer Benítez como alcalde.
Pero al recibir públicamente su respaldo quedan ante una pregunta política legítima: ¿qué opinión tienen de la administración de quien hoy los presenta como las mejores opciones?
Ese es el riesgo del espaldarazo.
Benítez quiso fortalecerlos frente a Mario Zamora, pero terminó poniendo su propio pasado entre ellos y el electorado.
Y cuando un simpatizante llega acompañado de controversias, el aplauso puede escucharse menos fuerte que las preguntas.
El ataque que puede fortalecer al adversario
Hay otro efecto que quizá el Químico no calculó.
Mario Zamora lleva meses manifestando su disposición a construir un frente opositor rumbo a 2027. En septiembre volvió a declararse listo para buscar la gubernatura y planteó incluso un mecanismo interno para definir quién debe encabezar una eventual alianza.
Atacarlo desde una figura políticamente controvertida puede producir justamente el efecto contrario al buscado.
El comentario de aquel usuario resulta ilustrativo:
“Si ese señor los apoya, me voy con Mario Zamora”.
No prueba una tendencia electoral.
Pero sí resume el problema.
El Químico quiso restarle a Mario.
Y terminó recordándole a una parte del público por qué Mario está nuevamente en la conversación por la gubernatura.
Las cuentas antes que las bendiciones
Benítez tiene todo el derecho de respaldar a Imelda Castro y Carlos Escobar.
También tiene derecho a criticar a Mario Zamora.
Pero el derecho a opinar no viene acompañado de inmunidad frente a las preguntas.
Si pretende convertirse en una especie de notario moral de la sucesión sinaloense, tendrá que aceptar que antes de certificar candidatos alguien quiera revisar sus propios papeles.
Porque resulta difícil presentarse como juez de quién debe gobernar mañana mientras siguen abiertas preguntas sobre cómo se gobernó ayer.
El Químico salió a cuestionar a Mario Zamora.
Las redes le devolvieron una pregunta bastante más incómoda:
¿y las cuentas de Mazatlán?
Y para Imelda Castro y Carlos Escobar queda otra:
¿el respaldo del Químico realmente suma, o acaba de convertirse en un lastre que Mario Zamora no necesitó cargar?
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