El 9 de septiembre de 2024 estalló abiertamente la disputa entre Los Chapitos y la facción de Los Mayos; 24 meses después, miles de homicidios, desapariciones, negocios cerrados y familias desplazadas retratan una crisis que todavía no termina
Culiacán, Sinaloa, 09 septiembre 2026.- Dos años después, Culiacán volvió a recibir el 9 de septiembre entre detonaciones, vehículos incendiados y viviendas atacadas.
La fecha no podía resultar más simbólica.
La noche de este martes 8 y durante las primeras horas de este miércoles, distintos sectores de la capital sinaloense registraron una nueva jornada de violencia: vehículos utilizados para derribar portones y posteriormente incendiados, casas baleadas, unidades robadas y hasta un motel atacado con fuego. La Secretaría de Seguridad Pública estatal pidió a la población evitar algunas zonas mientras corporaciones del Grupo Interinstitucional desplegaban operativos.
Era la víspera de un aniversario que Sinaloa nunca quiso conmemorar.
Este 9 de septiembre se cumplen exactamente dos años del comienzo abierto de la guerra entre Los Chapitos y la estructura identificada con Los Mayos o La Mayiza, dos facciones surgidas del mismo Cártel de Sinaloa y que desde entonces convirtieron amplias regiones del estado en territorio de disputa.
Aquel 9 de septiembre en que cambió Culiacán
La ruptura venía gestándose desde semanas antes.
El 25 de julio de 2024, Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López fueron detenidos al llegar en una aeronave a Estados Unidos. Posteriormente, Zambada aseguró públicamente que había sido llevado contra su voluntad por Guzmán López, versión que profundizó la fractura entre ambas estructuras.
La tensión explotó en las calles el 9 de septiembre de 2024.
Aquella mañana se reportaron enfrentamientos en La Campiña, Culiacán, además de hechos violentos en la carretera México 15, Costa Rica y otros puntos. Vehículos dañados, grupos armados, bloqueos y enfrentamientos con fuerzas de seguridad marcaron las primeras horas de lo que inicialmente parecía otra jornada violenta, pero que terminaría convirtiéndose en una confrontación prolongada.

Culiacán comenzó entonces a vivir bajo nuevas reglas impuestas por el miedo: calles vacías al anochecer, negocios cerrando antes de tiempo, suspensión de clases, eventos cancelados, vehículos despojados y familias aprendiendo a distinguir, por el sonido de las ráfagas, cuándo era momento de encerrarse.
La violencia dejó de ser un episodio.
Se convirtió en rutina.
Dos años contados en muertos y desaparecidos
Las cifras acumuladas varían según el corte y la metodología de cada recuento, pero todas describen una crisis extraordinaria.
Un análisis publicado este 9 de septiembre por El Debate contabiliza 3 mil 592 asesinatos desde el inicio de la confrontación: 655 entre septiembre y diciembre de 2024, mil 823 durante 2025 y más de mil durante 2026 hasta los primeros días de septiembre.
Otro recuento realizado por Ríodoce con registros oficiales documentó 2 mil 811 desapariciones, 12 mil 481 robos de vehículos y 166 feminicidios durante el periodo analizado; colectivos de búsqueda han sostenido que el número real de desaparecidos podría superar los cuatro mil.
Detrás de cada estadística hay historias que difícilmente pueden reducirse a números: personas que salieron de casa y nunca regresaron, cuerpos encontrados en caminos y fosas, policías asesinados, menores alcanzados por las balas y familias obligadas a abandonar comunidades enteras.
La violencia alcanzó incluso a niños. Apenas el pasado fin de semana, un ataque en Culiacán dejó entre las víctimas mortales a un bebé de un año y cuatro meses, otro episodio que volvió a colocar el costo civil de esta guerra frente a los sinaloenses.
De Culiacán al resto de Sinaloa
La guerra tampoco permaneció encerrada en la capital.
Con el paso de los meses se extendió hacia Navolato, Eldorado, Elota, San Ignacio, Mazatlán, Concordia, Rosario y Escuinapa, mientras comunidades serranas y rurales enfrentaron desplazamientos y cierres de actividades.
También cambió la forma de combatir.
A las armas largas, persecuciones y bloqueos se sumó el uso de explosivos lanzados desde drones, ataques e incendios de viviendas y negocios y operaciones dirigidas contra células rivales. En estos dos años el Gobierno federal llegó a desplegar miles de militares, marinos y elementos de la Guardia Nacional en el estado.

El Gobierno federal sostiene que existen avances. El reporte presentado este 8 de septiembre señala que el promedio diario de homicidios dolosos en Sinaloa disminuyó 26.1 por ciento entre enero y agosto de 2026 respecto al mismo periodo de 2025.
Pero la fotografía de la víspera del segundo aniversario recordó que una reducción estadística todavía no equivale a una paz recuperada.
La otra víctima: la economía
La guerra también vació restaurantes, hoteles y comercios.
En los momentos más críticos, especialistas de la Universidad Autónoma de Sinaloa estimaron que las actividades comerciales y de servicios llegaron a paralizarse hasta en 80 por ciento en algunas zonas. Un análisis económico publicado por Ríodoce cita estimaciones de 3 mil 500 negocios cerrados y 37 mil 350 empleos formales perdidos durante los dos años de conflicto, además de afectaciones mayores si se incorpora el trabajo informal.
Culiacán perdió buena parte de su vida nocturna. Restaurantes redujeron horarios, familias dejaron de salir, algunos empresarios bajaron definitivamente las cortinas y localidades antes visitadas durante los fines de semana quedaron prácticamente abandonadas.
La violencia terminó modificando algo más difícil de medir: la manera de vivir de los sinaloenses.
Salir de noche dejó de ser una decisión rutinaria. Tomar una carretera comenzó a requerir precauciones. Un rumor de enfrentamientos podía vaciar escuelas, centros comerciales y oficinas en cuestión de minutos.
Dos años después, la guerra sigue escribiendo su historia
Han pasado 730 días desde aquel 9 de septiembre de 2024.
Durante ese tiempo han sido detenidos o abatidos distintos operadores de ambos grupos; se han asegurado armas, drogas y laboratorios clandestinos y miles de efectivos han sido desplegados en Sinaloa.
Pero ninguna de esas operaciones ha significado todavía el final definitivo de la confrontación.
El propio secretario federal de Seguridad, Omar García Harfuch, reconoció recientemente que el Cártel de Sinaloa ha sido afectado por los operativos, pero conserva capacidad económica y de fuego.
Y este miércoles, precisamente cuando se cumplen dos años, Culiacán despertó nuevamente revisando dónde hubo disparos, qué casa fue atacada y cuántos vehículos terminaron incendiados durante la noche.
La escena resume estos 24 meses mejor que cualquier estadística.
La guerra comenzó el 9 de septiembre de 2024. Dos años después, Sinaloa todavía no puede escribir la fecha de su final.


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