El partido fundado por Héctor Melesio Cuén no descarta acercarse nuevamente a Morena, mientras el asesinato de su máximo líder continúa rodeado de interrogantes, versiones encontradas y una exigencia de justicia todavía pendiente.
Por Froilán Imperial Beltrán
Culiacán, Sinaloa, 25 de julio de 2026.– El calendario no pudo ser más incómodo ni simbólico.
Mientras familiares, amigos, universitarios y militantes recordaban a Héctor Melesio Cuén Ojeda, fundador del Partido Sinaloense, asesinado exactamente dos años atrás, la dirigencia del PAS comenzaba a mirar hacia el proceso electoral de 2027 sin cerrar completamente la puerta a una posible alianza con Morena.
El PAS exige justicia para su fundador, pero no descarta volver a caminar electoralmente junto al partido con el que terminó confrontado.
La declaración del presidente estatal del PAS, Robespierre Lizárraga Otero, cayó en medio de una fecha marcada por el luto, la exigencia de justicia y las interrogantes que continúan rodeando uno de los crímenes políticos más controvertidos de Sinaloa.
Lizárraga Otero sostuvo que el Partido Sinaloense todavía no tiene acuerdos formales con ninguna fuerza política, pero reconoció que mantiene disposición para dialogar con las distintas opciones que participarán en los comicios de 2027.
En esa apertura también aparece Morena.
No existe, por ahora, una coalición pactada ni negociaciones oficiales con la dirigencia del partido gobernante. El propio líder pasista ha señalado que solamente ha sostenido encuentros informales con algunos personajes morenistas y que el PAS continúa concentrado en su reorganización interna. Sin embargo, el simple hecho de no descartar esa posibilidad reavivó preguntas dentro y fuera de sus filas.
La escena resulta difícil de ignorar.
En 2021, el PAS acompañó electoralmente a Morena en Sinaloa. Sus estructuras territoriales, militantes y operadores participaron en una alianza que contribuyó al triunfo del movimiento guinda en la entidad.
Después vendría el distanciamiento.
Los pasistas denunciaron exclusiones, incumplimientos y un rompimiento político con quienes habían sido sus aliados. El enfrentamiento creció hasta convertir al PAS y a Morena en adversarios públicos, especialmente durante el proceso electoral de 2024.
En medio de esa confrontación ocurrió el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda, el 25 de julio de 2024.
El crimen continúa rodeado de contradicciones. La versión inicial de un ataque durante un supuesto intento de robo en una gasolinera fue cuestionada posteriormente por la Fiscalía General de la República, que detectó irregularidades en la investigación local y sostuvo que el homicidio habría ocurrido en un sitio distinto. Hasta ahora no existe una sentencia definitiva que esclarezca completamente los hechos y determine todas las responsabilidades.

A dos años de distancia, la familia de Cuén Ojeda y el propio Partido Sinaloense mantienen su reclamo de verdad y justicia. La dirigencia pasista ha reconocido que no existen avances claros y que la incertidumbre ha debilitado la confianza ciudadana en las instituciones encargadas de investigar el caso.
Por eso, la eventual cercanía con Morena no representa solamente una decisión electoral.
También plantea una discusión sobre memoria, congruencia e identidad política.
La paradoja es política, no una acusación penal: no existe resolución judicial que responsabilice a Morena por el asesinato de Cuén Ojeda. Pero tampoco puede ignorarse que el PAS construyó durante los últimos años buena parte de su discurso desde el agravio, el rompimiento con el poder estatal y la exigencia de justicia para su fundador.

Ahora, cuando comienza la disputa por candidaturas, posiciones y alianzas para 2027, el pragmatismo parece imponerse sobre las heridas del pasado reciente.
El PAS tiene derecho a dialogar, competir solo o construir una coalición. Esa determinación corresponde a su dirigencia y a su militancia.
Sin embargo, cualquier acercamiento con Morena deberá ser explicado con claridad a quienes acompañaron a Héctor Melesio Cuén Ojeda, defendieron su legado y asumieron como propia la exigencia de justicia.
Porque una alianza electoral puede justificarse con números, porcentajes y cálculos de poder.
Pero la memoria de un fundador asesinado, cuyo crimen continúa sin esclarecerse plenamente, no puede archivarse con la misma facilidad.


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